Gritos que se ven

Releyendo las tragedias sofócleas me he encontrado con una sinestesia que me ha recordado por qué decidí un día estudiar Filología Clásica. La lectura de Edipo Rey consiguió hace muchos años hacerme vibrar con una fuerza indescriptible. Aquel día descubrí que existen muchas clases de belleza. En los tiempos que corren, sumergidos en un mar de pesimismo ante el futuro de las Ciencias Humanas, cuando no hago más que escuchar a los compañeros de profesión quejarse de lo mal que les va a “nuestras especialidades”, merece la pena recordar que más allá del dinero que se pueda ganar con esto, más allá del reconocimiento público, están la satisfacción personal y el goce de disfrutar con los grandes. Contra ellos jamás podrán las reformas educativas.

… Presta nueva atención, porque no se encuentra muy lejos sino por aquí cerca este hombre. No viene tañendo la flauta cual hace el pastor del campo, sino que al haber tropezado por su cojera lanza gritos que se ven desde lejos, o porque ha divisado a distancia un fondeadero vacío de naves. La verdad es que lanza unos gritos terribles.

Sófocles, Filoctetes, 210-219

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Publicado en on agosto 9, 2010 at 7:49 pm  Dejar un comentario  

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