Breve descripción de los personajes y acontecimientos más relevantes de la leyenda de la fundación de Roma.
Dos aventuras de Odiseo
En este sencillo cómic se recrean dos de las aventuras más famosas del héroe griego Odiseo: su encuentro con el cíclope Polifemo y el capítulo de las sirenas.
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La Odisea y sus personajes
En esta sencilla presentación pretendemos hacer un repaso de la Odisea de Homero (siglo VIII a.C.) a través de sus personajes principales.
Sísifo
“Y vi a Sísifo, que soportaba pesados dolores, llevando una enorme piedra entre sus brazos. Hacía fuerza apoyándose con manos y pies y empujaba la piedra hacia arriba, hacia la cumbre, pero cuando iba a trasponer la cresta, una poderosa fuerza le hacía volver una y otra vez y rodaba hacia la llanura la desvergonzada piedra. Sin embargo, él la empujaba de nuevo con los músculos en tensión y el sudor se deslizaba por sus miembros y el polvo caía de su cabeza.”
Homero. Odisea. XI, 593-600. (Trad. de José Luis Calvo).
Dido abandonada
Halla a Eneas al fin, y “¡Cómo -exclama-
tal sinrazón imaginaste, pérfido,
poder disimular, y de mi tierra
alzarte en fuga sin decir palabra!
¿Qué? ¿no te detendrán ni el amor nuestro,
¿qué? ni la diestra que me diste un día,
ni la muerte cruel que espera a Dido?
¡Aparejar la flota en pleno invierno,
partir entre el bramido de aquilones!
¡cruel! Aun suponiendo que no fueses
a extraños campos de una patria ignota,
que en pie estuviese Troya, ¿Troya, dime,
habías de buscar por mar tan gruesa?
¿O es que me huyes a mí? ¡No, por mis lágrimas
por tu diestra -pues nada en mi desdicha
me he reservado sino sólo el llanto-,
por nuestro matrimonio y el que apenas
fue empezado himeneo, si es que pude
ganar tu gratitud, si hubo algo mío
que para ti fuera dulzura, atiende,
apiádate de un reino que se abisma,
y si queda un resquicio para el ruego,
cambia, cambia de idea, te suplico!
Por ti me expuse al odio de los Libios,
al de los reyes nómadas, y tengo
hasta mis propios Tirios lastimosos…
Por ti, sólo por ti, dejé morirse
el pudor y la fama, única vía
que me abría los cielos… Moribunda
me dejas, huésped mío -¡que este nombre
es todo cuanto queda del de esposo!-
y ¿para quién? ¿qué espero en esta vida?
¿que se abalance Pigmalión mi hermano
a arrasar mi ciudad? ¿o que a Getulia
me arrastre Yarbas prisionera? ¡Ah, si antes
de tu fuga quedárame la prenda
de un fruto de tu amor, si en el palacio
viese jugar a un pequeñuelo Eneas,
que fuese lo que tú, de rostro al menos,
mi engaño y mi traición no así llorara!…”
Virgilio. Eneida, IV, 432-471. Traducción de Aurelio Espinosa Pólit.
Loreena Mckennitt y Penélope
Tema dedicado a Penélope, esposa de Odiseo, y a su interminable espera. El concierto tuvo lugar en la Alhambra de Granada. Penelope’s song.
Now that the time has come
Soon gone is the day
There upon some distant shore
You’ll hear me say
Long as the day in the summer time
Deep as the wine-dark sea
I’ll keep your heart with mine
Till you come to me
There like a bird I’d fly
High through the air
Reaching for the sun’s full rays
Only to find you there
And in the night when our dreams are still
Or when the wind calls free
I’ll keep your heart with mine
Till you come to me
Now that the time has come
Soon gone is the day
There upon some distant shore
You’ll hear me say
Long as the day in the summer time
Deep as the wine-dark sea
I’ll keep your heart with mine.
Till you come to me
Medea de Eurípides
Poeta del siglo V a.C., Eurípides pone en boca de Medea una queja que, leída con el tiempo y teniendo en cuenta la misoginia de la sociedad griega de la época, suena muy moderna. Sobre todo si tenemos en cuenta que el autor de la obra era un hombre.
De todas las criaturas que tienen mente y alma
no hay especie más mísera que la de las mujeres.
Primero han de acopiar dinero con que compren
un marido que en amo se torne de sus cuerpos,
lo cual es ya la cosa más dolorosa que hay.
Y en ello es capital el hecho de que sea
buena o mala la compra, porque honroso el divorcio
no es para las mujeres ni el rehuir al cónyuge.
Llega una, pues, a nuevas leyes y usos y debe
trocarse en adivina, pues nada de soltera
aprendió sobre cómo con su esposo portarse.
Si, tras tantos esfuerzos, se aviene el hombre y no
protesta contra el yugo, vida envidiable es ésta;
pero, si tal no ocurre, morirse vale más.
El varón, si se aburre de estar con la familia,
en la calle al hastío de su humor pone fin;
nosotras nadie más a quien mirar tenemos.
Y dicen que vivimos en casa una existencia
segura mientras ellos con la lanza combaten,
mas sin razón: tres veces formar con el escudo
preferiría yo antes que parir una sola.
Pero el mismo lenguaje no me cuadra que a ti:
tienes esta ciudad, la casa de tus padres,
los goces de la vida, trato con los amigos,
y en cambio yo el ultraje padezco de mi esposo,
que de mi tierra bárbara me raptó, abandonada,
sin patria, madre, hermanos, parientes en los cuales
pudiera echar el ancla frente a tal infortunio.
Caronte
Un horrendo barquero cuida de estas aguas y de los ríos, Caronte, de suciedad terrible, a quien una larga canicie descuidada sobre el mentón, fijas llamas son sus ojos, sucio cuelga, anudado de sus hombros el manto. Él con su mano empuja una barca con la pértiga y gobierna las velas y transporta a los muertos en esquife herrumbroso, anciano ya, pero con la vejez cruda y verde de un dios.
Virgilio, Eneida. VI, 299-304. Madrid, 1998 (Trad. Rafael Fontán Barreiro)






