Píramo y Tisbe por The Beatles

Píramo y Tisbe eran dos jóvenes que vivían en casas vecinas. Él, Píramo, era un joven de gran belleza; ella, Tisbe, la más hermosa de las muchachas. Se conocían desde pequeños y estaban enamorados el uno del otro, pero sus padres respectivos se oponían a esta relación.

Los enamorados conversaban todos los días a través de un pequeño hueco en el muro del jardín que separaba ambas casas. Se decían ternezas y se prometían amor eterno. Tan sólo podían hablar, pues la rendija no permitía que se dieran besos y ambos se lamentaban. “¿Por qué, pared, eres un obstáculo para nosotros?”, preguntaba ella; “¿por qué no permites que unamos nuestros cuerpos o, si te parece un deseo excesivo, que simplemente nos besemos?”, añadía él. Y así, entre piropos y lamentos llegaba la noche y los amantes tenían que separarse y regresar al interior de sus casas.

Un día decidieron engañar a sus guardianes y verse fuera de sus hogares, fuera de la ciudad, junto al sepulcro de Nino. A los pies de ese sepulcro había un árbol de frutos blancos. Era un moral. Al otro lado del sepulcro brotaba una fuente.

Tisbe engañó sin problemas a sus guardianes, llegó antes de lo convenido al moral y se sentó bajo el árbol a esperar a su amado Píramo. Pero mientras esperaba apareció una leona sedienta. Traía el hocico manchado de sangre de unos bueyes. Cuando Tisbe la vio, huyó de allí pero dejó caer sin darse cuenta su velo. La leona, una vez que hubo calmado su sed, jugueteó con el velo antes de volverse a internar en el bosque.

Cuando Píramo llegó junto al sepulcro de Nino no vio a su amada, pero sí su velo ensangrentado a los pies del moral. Se agachó a recogerlo y lamentó la desconocida suerte de su enamorada: “Mi dulce Tisbe. Yo te dije que vinieras hasta aquí. Al no llegar yo el primero he causado tu muerte. Justo es que muera yo también. ¡Oh leones o quienes quiera que hayáis devorado a mi amada, venid aquí y despedazadme, desgarrad mi cuerpo y comeos mis entrañas. No merezco vivir si Tisbe está muerta!” Llevó el velo hasta su boca y lo besó repetidamente. De pronto, mirando fijamente las manchas de sangre del velo, dijo: “Recibirás también mi sangre” y nada más hablar se clavó el puñal que llevaba en la cintura. Cayó de espaldas. La sangre que brotaba de la herida tiñó de negro los frutos blancos que estaban más cerca. También fue la causa de que, a través de la raíz humedecida, se tiñeran las restantes moras que colgaban de las ramas.

Entretanto, Tisbe había reunido fuerzas para volver junto al moral. Ya estaba cerca y creía reconocer el sepulcro y la fuente, pero el árbol no lo recordaba negro sino blanco. Dudaba si era ese el lugar acordado con Píramo. Se acercó. Fue entonces cuando vio en el suelo el cuerpo de su amado. Se arrojó sobre él y entre sollozos gritaba “¡Píramo, mi amado Píramo, escúchame. Soy Tisbe, mírame!” Mientras lo decía, colocó la cabeza del amante en su regazo. Al oír su voz, Píramo sólo tuvo fuerzas para dirigirle una última mirada y una ligera sonrisa. Tras ello, murió. Se fijó entonces Tisbe en el velo que sujetaba la mano derecha de Píramo. Cuando vio que era el suyo y que estaba lleno de sangre, se dio cuenta del malentendido. Píramo había confundido la sangre de la leona con la suya. “Tu amor por mí te llevó a matarte”, se lamentaba. “Esta sangre que tiñe el velo fue la que te perdió. Aunque así lo creíste, no era mía; ahora sí lo será. Mi mano también será fuerte; yo también te quiero. Seguiré tus pasos. La muerte no nos separará”. Así dijo y cogió el puñal aún caliente y antes de clavárselo se dirigió al moral: “Y tú, árbol que hasta hace un momento cubrías un solo cuerpo, ten compasión también de mí. Guarda en tus ramas nuestra muerte y produce siempre estos frutos negros, señal de luto por nosotros.”

Las últimas palabras de Tisbe fueron oídas por los dioses y también por sus padres. Aquellos hicieron que el moral mantuviera su nuevo aspecto, pues negro es el color del futo cuando madura, y estos quemaron sus cuerpos y guardaron sus restos en una única urna”.

Ovidio, Metamorfosis. IV, 55-166 (adaptación de Cristina Sánchez Martínez).

William Shakespeare, dramaturgo inglés que vivió entre los siglos XVI y XVII, se basó en este mito para escribir dos de sus obras: Romeo y Julieta (1595) y El sueño de una noche de verano (1595 ó 1596) obra en la que, utilizando el recurso de la metaliteratura, se representa esta historia, en el acto V, por un grupo de comediantes.

Mucho tiempo después, el 28 de abril de 1964, The Beatles, basándose en El sueño de una noche de verano, interpretaron una parodia de este mito en un programa de televisión llamado “Around The Beatles”. En ella, Paul McCartney interpreta a Píramo, John Lennon a Tisbe, George Harrison es el claro de luna y Ringo Starr el león.

Aunque la versión es la original en inglés, se puede seguir fácilmente.

The URI to TrackBack this entry is: https://esquifeherrumbroso.wordpress.com/2008/11/25/piramo-y-tisbe-por-the-beatles/trackback/

RSS feed for comments on this post.

2 comentariosDeja un comentario

  1. Interesantísimo artículo y excelente aportación. The Beatles y la mitología clásica…, no me lo hubiera imaginado nunca. Muchas gracias.

  2. Estos chicos tenían recursos para todo. Ya ves. Para mí también fue una sorpresa.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: